viernes, 20 de abril de 2012

El látigo

-No es necesario más intimidación que el látigo neurónico- Dijo Ditna, prestamista de profesión, a su socio, alcanzandolé un tubito de apenas 15 centímetros. – Cuando lo vea va a asustarse lo suficiente como para que ni lo tengas que usar.
-Sí, ya lo sé, pero no me gusta ni pensar en usarlo, y si se pone violento me va a obligar.- Respondió Grant Ortso- Ya sufrimos varias veces los efectos del coso este, y no es nada que le desee a nadie, y menos a un simple moroso.
El látigo neurónico era un arma no mortal temida en todos los planetas de la galaxia. Provocaba una sobrecarga electromagnética en el sistema nervioso central, provocando parálisis total temporal, y el dolor más intenso que el hombre pueda sentir. En el planeta Vomiscaas no había habido ni un asesinato desde hacía ya 300 años, pero los secuestros y torturas con el látigo eran aún peores y mucho más frecuentes, por tal razón estaban prohibidos.
Ditna recordó con un escalofrío la vez en la que un competidor le había aplicado el látigo, y le dijo a su socio:
-Es horrendo, pero no pensarás en algo tan bárbaro como quebrarle una pierna, ¿O no?
-No, no, pero me encantaría que mandes a algún empleado, como al idiota de Graj.
-Esto es algo delicado y sos mí único, escuchá bien, mi único hombre de confianza, por algo sos mi socio, Grant.- Señalando su silla de ruedas y sus inexistentes piernas, prosiguió:- Iría yo si pudiese, y lo sabés.
-Sí, ya sé…-Concedió Ortso a regañadientes.-Está bien, voy a ir.
-Sabés que, como mi socio, te corresponde el 50%.- Ditna le hizo un guiño.- Y ya sabés… si se complica, dale un latigazo a baja potencia.
Salet Yrd –Banquero por profesión y negociante turbio por hobby- Caminaba tranquilo por la cale del suburbio que lo llevaría a su idílica casa familiar. A lo lejos se escuchaba algún aerotren barrial, y se veían las incansables luces de la capital. Silbaba la tonada de moda e iba con medio cerebro concentrado en la futura cena que no esperaba (En otros tiempos hubiese ido pensando en el coito semanal con su mujer, pero desde el segundo hijo con dos al año se sentía más que conforme)
Un transporte de tierra, más negro que la noche sobre el suburbio, pasó a su lado lentamente. Grant identificó al deudor, y le indicó al chofer que frene unos metros adelante y lo espere hasta que termine, a lo que el chofer contestó con un quedo “Sí, señor”.
Grant se bajó del transporte y cerró con un portazo. Pasó por enfrente de la parte delantera del auto, subió a la vereda y se dirigió directamente hacía su presa.
Salet no se sorprendió en lo más mínimo; a eso se arriesgaba pidiendo prestamos ilegales. Grant le apuntó con el látigo, y ahí sí la sorpresa le ganó. Alguien se estaba equivocando, aparentemente.
-Hola, Salet- Dijo Grant, sin dejar de apuntar el látigo- Ditna quiere que le pagues YA.
-Señor Yrd, para usted. Para su información, ya pagué mi deuda, incluyendo los ridículos intereses.- Se notó el desprecio en su voz y tratando de pasar por un costado, le dijo: - Dejeme pasar, escoria.
-Yo no sería tan impertinente con una persona que le está apuntando con esto. ¿Conoce el látigo neurónico, no?
-No sea payaso. Eso no es un látigo neurónico ¿No ve que tiene la punta hueca, hombre? Déjeme pasar, ya le dije que pagué todo.
-Todos los morosos insisten en que pagaron todo, sin excepción. Ditna me mandó acá para advertirle, pasemé ya mismo 2000 créditos a esta tarjeta, como adelanto. No se haga el imbécil, ya sé que su dispositivo bancario portátil que lleva encima lleva más que esa cantidad.
-No voy a pagar ni un centavo más.- Repuso intentando pasar nuevamente por la izquierda de Grant.- Si Ditna tiene algún problema, que venga personalmente y deje de mandar secuaces.
-Primero, soy un socio. –Empujó hacia atrás a Yrd.-Y segundo, deme ya mismo esos créditos o le voy a demostrar que esto sí es un látigo neurónico.
-Ya dije que no.- Yrd cerró los puños y lo amenazó con el derecho.- Y déjeme pasar o lo mato a golpes.
-¿Conque esas tenemos, eh? Te lo buscaste, imbécil.- Antes de terminar la oración, Grant ya había disparado el látigo.
El agresor sintió esa mezcla de compasión y adrenalina que sentía siempre que disparaba un látigo. Miró como Yrd se desplomaba y pensó que se lo merecía: Se había atrevido a amenazarlo.
Yrd cayó al suelo pesadamente, y Grant olisqueó el aire. Reinaba un olor repugnante a quemado, que le recordaba a… a…
Se quedó boquiabierto, rezando porque lo que pensaba no sea cierto. Se agachó junto al cuerpo de Yrd y le tomó el pulso: Absolutamente nada. Desesperado, dio media vuelta y buscó al transporte, pero ya no estaba.
Ya resignado, se sentó en el cordón de la vereda. Las sirenas de los aerocoches de policiales sonaban cada vez más cercanas.
Sonrió amargamente al darse cuenta de la ironía de la situación. Yrd le había dicho que lo que tenía en la mano no era un látigo neurónico, pero a ninguno de los dos se le pasó por la cabeza lo que realmente tenía Grant en la mano era un arma que hacía 300 años había salido de circulación: Un atomizador –Arma que elevaba la temperatura de la sangre hasta evaporarla y quemaba los tejidos internos- miniaturizado y camuflado. Ahora sabía que Yrd decía la verdad, y había pagado en tiempo y forma su deuda. Yrd solo era el señuelo.
Él, Grant Ortso, había cometido el primer asesinato en 3 siglos, y Ditna, el lisiado, sin nada que lo ligue a su ex socio, de ahora en más recibiría el cien por ciento de las ganancias.

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